La compleja relación de Picasso y su madre

En el vasto panorama del arte del siglo XX, pocos nombres resuenan con tanta fuerza como el de Pablo Picasso. El genio creativo detrás de obras como «Guernica» y «Les Demoiselles d’Avignon» dejó un legado pictórico importante, reflejando su talento con los pinceles. Sin embargo, detrás de la icónica figura del artista se encuentra una historia profundamente humana, marcada por la influencia de una mujer: su madre, María Picasso López, cariñosamente conocida como Doña María.

La relación entre Picasso y su madre fue, como muchas relaciones maternofiliales, compleja y multifacética. Nacido en Málaga, España, en 1881, Picasso creció bajo el cuidado amoroso y la influencia de su madre. Doña María, una mujer de carácter fuerte y protectora, reconoció y fomentó el talento artístico de su hijo desde una edad temprana. Se dice que ella lo alentaba en sus primeros trazos y le proporcionaba los materiales necesarios para dar rienda suelta a su creatividad. Así como posar para incontables bocetos y obras del autor.

Sin embargo, la relación entre Picasso y su madre también estuvo marcada por tensiones y conflictos, especialmente durante la adolescencia y los años de formación artística del joven Pablo. Cuando Picasso decidió dejar su hogar familiar en España para buscar su camino como artista en París, es probable que haya causado preocupación y desacuerdo entre él y su madre. Este distanciamiento físico y emocional no fue fácil para ninguno de los dos, pero fue un paso crucial en el camino de Picasso hacia la autoexpresión artística y la independencia creativa.

A pesar de los desafíos, la influencia de Doña María en la vida y obra de Picasso perduró a lo largo de su carrera. Se dice que Picasso a menudo incluía representaciones de su madre en su obra, especialmente durante períodos de cambio o angustia emocional. Uno de los ejemplos más notables es el retrato cubista de su madre, «La Vie» (1903), una obra que refleja la complejidad de su relación y sus propias luchas internas.

En el 2020, el diario español, la Razón publicó parte de la correspondencia personal del artista malagueño con su madre, un ejemplo que publicaron fue una carta enviada el 7 de septiembre de 1918, después de que Picasso se casara con Olga Khokhlova, una bailarina ballet:

“Querido Pablo:

He recibido carta de Concha Mª y Adelita dándole la enhorabuena y encargándome te la de a ti y Concha me dice que debo estar muy contenta porque no estando contigo yo, es mucho mejor que estés casado y que Dios hará que seas muy feliz. Que cuando le escriba le diga cómo se llama mi nuera ahora. Cuando le escriba le diré que se llama Olga y buscaré alguna carta tuya que creo me decías el apellido que creo que es una cosa de choclo, vamos como algo de que decimos a las gallinas. Yo creo que lo encontraré pero tú me lo puedes decir en tu carta para tener seguridad en lo que digo”.

En resumen, la relación entre Pablo Picasso y su madre fue una mezcla de amor, apoyo, conflicto y complicidad. La presencia de Doña María en la vida y obra de Picasso dejó una marca indeleble en la historia del arte y en la evolución del genio creativo de su hijo. A través de su influencia maternal, Doña María contribuyó no solo a la formación del artista, sino también a la creación de un legado artístico que sigue inspirando e impactando al mundo en la actualidad.

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